Sabor de la mala hora
01:30 AM:
Estaba imaginando, que no recordando, el sabor de los besos del corazón. No de los besos cualesquiera, preliminares del acto primitivo cuyo fin es la procreación (y no por eso pretenden el fin mismo), no del simple fusionamiento de labios entre desconocidos que dicen conocerse, no del gesto automático y rutinario de chocar con la cara del otro el capricho del momento o la obligación acordada. Quiero encontrar la definición exacta del beso del corazón y hacerme partícipe de su magia.
Pienso en los besos que arrancan de lo más profundo del alma, allí donde el dolor son cuchillas rasgando la piel y se piensa menos, donde la razón no tiene cabida y se teje la materia de la que están hechos los sueños. Besos con sabor a helado de frambuesa, a cacahuetes, a salitre de mar. A tardes de domingo agarrando una mano amiga, a paños de lágrimas que enjuagan esperanza y aliento. Besos que se revuelven en las entrañas y son fruto de los entresijos del corazón. Eso, besos del corazón.
Pienso en esto mientras deshago las maletas y voy esparciendo por la cama todos mis enseres y pertenencias, las pocas que me he traido a mi nuevo hogar. La mundaza más pesada y con menos carga que he hecho en mi vida. Aún nosé donde colocaré mi escritorio, si frente a la ventana o frente a la pared. Si lo hago frente a la ventana mis borradores se llenarán de impresiones con la perspectiva que me ofrezca la luna cambiante o los transeúntes que despistados cruzen bajo ella. Si es frente a la pared construiré alguna dimensión que me permita escapar más allá del cemento, soltar los pies del suelo y atravesar el muro que se me imponga, para volver lo impenetrable reversible.
Y mientras organizo mentalmente las formas, el orden, el color que quiero darle a mi nuevo hábitat, pienso en los besos del alma. Porque sí, porque llega el día en que te planteas si alguna vez los has conocido, y cuando te lo planteas lo más probable es que no haya sido así.
Así que anoto en mi interminable lista de cosas por hacer: dar un beso del corazón. Luego lo borro en una especie de acto reflejo, porque al colocar el punto final y llevarme el bolígrafo a la boca me sabe raro pensar que nunca he sentido un beso de esta índole, o que no lo he dado con cariño, hasta pienso que resulto un ser vacio y superficial exponiendo tal sugerencia.
Entonces recuerdo. Recuerdo muchos besos y muchos momentos. Personas que se han aproximado tanto a mi cuerpo como a mi alma, que me han arrebatado sueños que se deslizaban tímidos por la comisura de los labios. Escalofrios de placer recorriendo la espina dorsal, mariposas que revolotean en el estómago, poemas que se escriben con la mirada y el movimiento que derivan de la pasión terrenal.
Caigo en una vorágine de recuerdos, un tanto agridulces, y de reojo miró el reloj. Son más de las dos de la madrugada y aún no me he acostado, bien, mañana mis ojeras irán acumulando este insomne despiste.
Me quito la ropa y mientras lo hago me doy cuenta de algo. Nunca he desnudado mi corazón a nadie, quiero decir por completo. Jamás he renunciado a mi totalidad y la he puesto en manos de ninguno, abandonándome a la suerte. Esto me perturba un poco, pero a lo mejor no soy tan rara y es un poco culpa mia el no haber llegado a tocar el cielo con la punta de los dedos al besar. Puede ser que si no entregas hasta el útlimo hueso que te sostiene el cuerpo no puedas saborear del placer sublime que pareciera proporcionar un beso del corazón, no tendría forma ni se podría licuar de caramelo tanto sentir. No sería capaz de mover el mundo de punta a punta, de hacer temblar la tierra, de ponerla del revés.
Solo que las ventajas podrían no compensar los inconvenientes. Llegar a este punto significaría perder parte de uno mismo, exponerla a un daño irreparable, después del cual uno nunca podría sentirse igual. ¿Mereze la pena entonces correr el riesgo?.
Me tumbo y apago la luz. Sigue lloviendo desde nubes próximas, últimamente las gotas no cesan y las tormentas no hacen más que amenazar cielos que hace menos de una quincena auguruban un verano eterno.
Cierro los ojos a pesar de que el sueño me da la espalda. Mañana será otro día, más productivo espero.
6:00 AM:
Enciendo la luz, tomo el bloc y anoto:
- Dar un beso del corazón.
Y debajo en letra pequeña y mu pegadito añado:
Lanzarme sin paracaidas.
Noto que mi nube se retuerce y tiembla un poco. Temo perder el equilibrio y me agarro fuerte a la almohada, siento un atisbo de miedo.
Vuelve a llover.



Pablo Rollero dijo
Las aves comen con su pico y vuelan con sus alas... y a nosotros nos sobra, sólo con unos bonitos labios. Un abrazo
19 Octubre 2007 | 04:02 PM