Aires de otoño
Hoy amaneció soleado y brillante. Un temporal apacible que no encaja con mi fuero interno, algo impredecible. Lástima que uno no pueda elegir el color del cielo acorde con su estado de ánimo, cómo lo haces con la ropa o el maquillaje.
No es tristeza lo que me invade, no es cansancio si no hago más que estar quieta, no es soledad de la que se incrusta en la piel o te atraganta como espina.
Es indiferencia. Mi propio cielo hoy es gris plata, naranja atardecer.
Al final opté por colocar mi escritorio frente a la ventana, porque así es más fácil escapar, volar. También porque desde allí se ve el mar. Oigo como palpita, como ruge desbaratado, como escupe al viento su canto de sirenas, esas que solo saben de boleros y amores no correspondidos. Me estremezco al contemplar su inmensidad, me embelesa su misterio.
Me acuerdo de esas noches cuando te decía que me construiría una casita frente al mar, como esas que se fabrican en lo árboles y salían en las peliculas que veía de niña. Una casita pequeña descansando en la arena, como de muñecas, con su caña de pescar, para salir de madrugada a cazar sueños perdidos bajo la profundidad de las aguas. Tú reias sin pensar que hablaba en serio, sonreias y me prometías que de vez en cuando vendrías a visitarme.
Y pensar que ahora ando por las nubes, tan alto, tan lejos, donde ya no puedo verte.
Esta mañana últimando las reformas de mi cuarto, mientras abría cajas y cajas de recuerdos para sacarlos y que nunca se mueran de polvo, decidí que el mar sería mi confidente, un aliado en mi cielo anaranjado y mi noche cargada de brumas.
Te sustituí por mis fantasmas que me rondan a diario, vendí mi futuro incierto al azar, al destino caprichoso. Cambié tu pelo salpicando en mi espalda por esta corriente revoltosa de aire chocando en mi cara. He sustituido tus susurros erizándome la piel por balbuceos incomprensibles del silencio,que nunca dicen nada.
Indiferente bajo mi cielo anaranjado que agoniza en el horizonte.
Y ahora el mar. Todo está cambiando, todo acaba y empieza en esta madrugada de sábado. El reloj que se acelera, aquel que se detenía a golpe de ingratitud. El tiempo que se encoge y se estira como un acordeón al compás del viento.
Huele a noviembre.



Fernando dijo
Si,viene noviembre....
Precioso post
Ten muy buena tarde
21 Octubre 2007 | 07:53 PM